Crowd waving Argentina and Brazil flags in stadium showing 1-1 score

Durante un mes y más, el tema más relevante ha sido, sin duda, el mundial de futbol. Y como buen mexicano lo disfrute bastante. Durante los partido de preparación de la selección mexicana tenía bajas expectativas, sabía de los partidos pero en realidad no los veía, y menos ahora que podemos ir a YouTube y ver un resumen de menos de diez minutos. Algunos de ellos ni siquiera los vi. Hay una emoción menos cuando sabes que tu país clasifica por defecto al ser anfitrión. Que también es un tema decir que México fue anfitrión con tan pocos partidos. Entre esos partidos de preparación estuvo el de la reinauguración del Estadio Azteca (ahora Estadio Banorte, pero llamado Estadio Ciudad de México durante el mundial) (una locura), jugando contra Portugal, del que se hizo un gran revuelo, por la participación de CR7, que al final no estuvo, por temas de seguridad, y quedando el partido en cero. Emocionante. Todo un caso. Ambas selecciones mostraron desde ese momento el nivel que tenían.

Total que se llegó el mundial y no tenía gran emoción por verlo, y tal cual ocurrió en Sudáfrica 2010, México jugó el partido inaugural con Sudáfrica, pero ahora en territorio mexicano, y solo porque sí, decidí encender la televisión (en TV Azteca, por supuesto), sin esperar nada. Mi sorpresa fue que al ver la última parte de la ceremonia me emocioné, de manera inexplicable, tal vez porque escuché a Martinoli y Campos llorar o casi llorar antes del partido. Sentí un cosquilleo, una emoción de ver el partido, de ver a once jugadores mexicanos y esperar ver que ganaran de manera contundente. Algo cambio en un instante, y me sentí nervioso, de esos nervios que emocionan.

Me gustó mucho el diseño del uniforme y la presencia de los jugadores, sentía que estaban de gala. Ver a tanta gente en el estadio y escuchar el estruendo desde mi sala aunado a esas palabras emocionales y nostálgicas de Martinoli me hizo entrar en modo mundialista… y de ahí para adelante papá.

Un partido que quedó 2-0 que pudo quedar 4 o 5-0 con mucho que decir: un equipo que gustó, un equipo que demostró pasión y ganas de ganar; Quiñones, un colombiano, naturalizado mexicano, con una infancia complicada, que buscó su sueño en donde quiera que le abrieran las puertas, trayendo a México esa contundencia que ha demostrado en todos los clubes pero más aún en Arabia donde es campeón de goleo superando a Cristiano. Demostrando que tiene la camiseta bien puesta, dando su mejor esfuerzo y escribiendo su nombre en la lista de jugadores que han anotado para México en un mundial; Raúl Jiménez, al que por fin se le hizo justicia, con una gran carrera en clubes y en la selección pero quedando a deber en los mundiales anteriores, en este por fin anotó y lo hizo en este partido de inauguración, en casa. Un jugador al que muchos critican, pero se deben reconocer su gran disciplina y ganas de salir adelante, y lo digo por aquella fractura que tuvo, que pudo ser el fin de su carrera, pero lo vemos hoy mejor que nunca; ganar el primer partido en un mundial, ganar tres puntos desde el inicio y comenzar a ser candidato, por lo menos a disputar la segunda parte del mundial, tomando confianza del triunfo, que por cierto muchos criticaron por no tener esa ventaja más amplia que pudo ser; mantener la propia portería en cero. Todo esto y más y la afición hicieron del inicio del mundial algo memorable para todos.

Ya me habían tocado mundiales antes de este, pero ninguno lo viví como este. Al pendiente de todos los partidos, al pendiente de la tabla de clasificación de cada grupo. Y con muchas ganas de ver a una selección revelación o varias que pudieran dar un espectáculo diferente, y vaya que hubo ilusión con algunas. Solo por mencionar las que me parecieron más destacadas: Costa de Marfil, República del Congo, Japón, Egipto y Cabo Verde. Madre santa, que buenos partidos nos obsequiaron.

A la par, ver a México ganar todo, fue estridente. La contundencia con la que jugaban fue un deleite. Ver esa atajada del Tala contra Corea, fue sentir la garra de una selección con hambre de avanzar, y nuevamente Quiñones siendo figura, en cada paso. Que gran jugador es y que fortuna que tenga el deseo de brindar ese talento a nuestro país. Tres jornadas de locura, con todo mundo dándolo todo para clasificar a las eliminatorias, donde vimos caer a Alemania y Países Bajos (lo celebré), no por nada en especial, simplemente por ver caer potencias ante equipos que deseaban acercarse un poco más a la cima.

Por la composición de este mundial, había un partido más que disputar, eliminatoria de 32 o dieciseisavos de final, (al cual México se había inscrito desde su segundo partido), lo que hizo que fuera más emocionante, más partidos, más equipos y más largo el camino a la final.

México siempre expectante de ver a la selección avanzar y creer que se puede, había sido testigo de cómo todo quedaba en la primer fase del mundial y en el mejor de los casos en octavos o cuarto partido y de ahí a casa. Pero esta vez, algo se sentía diferente y fue diferente. Ese cuarto partido que ahora fue dieciseisavo se ganó, y la selección llegó al anhelado quinto partido, de ser el caso, México habría estado en cuartos de final si el mundial se hubiera celebrado como en justas anteriores. Pero el hubiera no existe. Derrotaron a Ecuador, una selección que criticó mucho a los mexicanos por jugar en su propio país o ligas que según ellos no son las más representativas del deporte, presumiendo a su vez a sus jugadores en las mejores. No les alcanzó, no pudieron, y así pasa cuando tu boca en más grande que tu corazón.

Ver jugar a México con Inglaterra fue épico. Sentir que podían ganar, creerlo, fue una gran experiencia. Pero en dos minutos Inglaterra hizo lo que ninguna selección al momento: anotar no uno, dos goles a México, y ponerlo contra las cuerdas. México intentó, fue un partido disputado, ninguno se regaló en ningún momento, pero lo ocurrido es historia. Con un marcador 3-2 Inglaterra derrotó a los mexicanos en una gran batalla, que incluso me imaginé en estilo anime provocando una gran destrucción en el terreno de juego. Y justo ahí en octavos, quedaron todas las selecciones que habían ilusionado a todo el mundo, esas selecciones diferentes, revelaciones que esperábamos que llegaran más lejos y avanzaron los de siempre.

Me habría gustado ver a Portugal avanzar más, mucho más, y no por ellos, sino por Cristiano, el mejor jugador de la historia. Al que no se le hizo justicia con un mundial, pero viendo como jugaban sus «compañeros» era prácticamente imposible, nunca entendieron que al jugador al que había que pasarle el balón era a él. Me dio mucha pena ver como lo ignoraban en el campo, y decidían hacer jugadas que no trascendían solo por no querer jugar con él. Una verdadera lástima. Pero eso jamás le quitará la gran carrera que tiene. Incluso lo hace más grande. La capacidad de saber perder y seguir adelante. Para mí es mil veces mejor eso a que te regalen partidos y campeonatos como a otro jugador que anda por ahí. Lo de Cristiano es verdaderamente admirable.

Bastantes partidos diarios, grandes sorpresas, excelentes marcadores y un par de robos (siendo sinceros), fue un gran mundial, el mejor del que tenga recuerdo, quizá porque México jugó el quinto partido, no fueron cuartos, pero se logró llegar más lejos de lo que se había hecho en años. En mi opinión, el partido por el tercer lugar tuvo sabor a final, y aquellos que fueron al estadio deben guardarlo muy bien en sus recuerdos y su corazón. Diez goles, Dios mío, diez. Un merecido triunfo para Inglaterra, y un satisfactorio resultado en contra de Mbappé; se cree el jugador número uno del mundo, pero no lo es y su ego no lo dejará aceptarlo.

La final fue toda para España, le pese a quien le pese, y el marcador 1-0 es una vil mentira. Todos sabemos que ese partido termino 3-0, grande España. Felicidades. Supieron jugar incluso contra jugadores y árbitros, fueron lo suficientemente superiores para lograr obtener la victoria pese a todo el peso de la federación y de todo mundo. El estadio tenía más aficionados de Argentina y aún así no se achicaron, la pólvora era azul, los anillos eran azules, todo era azul y el campeón lo pinto todo de rojo y amarillo. Celebro el triunfo de España pero sobre todo festejo la derrota de Argentina. Hubo justicia

Gracias selección mexicana, gracias Quiñones, gracias Raúl, gracias Piojo, gracias Tala, gracias Fidalgo, gracias portero de Santos (que no jugaste pero estuviste), gracias Haaland, gracias Vozinha, gracias Bellingham, gracias Cristiano. Que extraordinario mundial nos regalaron a la afición. Nos vemos en cuatro años, para ver a las nuevas figuras y a los que logren mantener el mejor nivel para estar en España, Portugal y Marruecos.

Que no tenga fin.

Isaías Ulloa.

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