Toma tu café, toma tu dispositivo preferido para lectura y acompáñame en este nuevo domingo en una entrada más de Escritura Infinita. Hoy quiero hablarte de tecnología, pero no desde la frialdad de las especificaciones, sino desde mi propia historia: la de un estudiante universitario que, hace ya algunos años, estrenaba su primer smartphone, un LG (no recuerdo la serie, pero me encantaba) que sentía como una verdadera obra de la tecnología, al tener pantalla táctil, la cual era como una puerta a internet en la palma de mi mano, aunque la experiencia era limitada y a veces desesperante con sensores poco responsivos o funciones mal optimizadas, como una que supuestamente detectaba cuando mirabas la pantalla para lectura y subía el brillo que casi nunca funcionaba, fue bueno para iniciar una nueva etapa en mi vida, fue entonces cuando comencé a usar WhatsApp, vaya que ha pasado tiempo.

Pasé por varios celulares LG los que recuerdo son el G3 y el Q6 Prime, ambos competían bastante bien con los gama alta, sin la necesidad de invertir tanto, pero al poco tiempo iban dejando de rendir igual.

Con el tiempo, los dispositivos cambiaron y yo también. Pasé de esos primeros intentos de “teléfono inteligente” a enamorarme de la velocidad, la fluidez y la estética de los iPhone. Aunque siempre estuvieron ahí, en una bandeja a la que no podía acceder por falta de presupuesto y de ganas de hacerme de uno de esos dispositivos, que se veía tenían una interfaz limpia y eran muy responsivos y prácticos. Hoy, con iOS 26 corriendo en mi iPhone 16 Pro, puedo decir que no solo uso un celular: uso una herramienta que me ahorra tiempo, me acompaña en el día a día y me hace disfrutar cada interacción.

Una vez hube terminado la carrera y comencé a trabajar, empecé a plantearme la idea más seria de por fin tener un celular de esos. Y creo que no había pasado ni un año o si, cuando anunciaron el iPhone SE 2, todas las reseñas decían que era una involución con respecto a la gama 11, pero para mi que el 6 siempre me pareció el mejor de todos, era la oportunidad de tener uno con esa estética y por fin empezar a probar iOS, sumando a la experiencia que había salido uno en color blanco, vaya, no tuve mucho que pensar. Para todos los usuarios recurrentes de la marca era una involución, pero para mi era la oportunidad de tener un dispositivo que siempre me había parecido atractivo, y con la ventaja de que era el más económico de todos, pero no precisamente barato.

Sentir la construcción del dispositivo y ver sus acabados no hizo más que aumentar mi satisfacción como cliente y nuevo usuario, sin mencionar la rapidez con la que corría todas las aplicaciones, porque en el último lapso de mi uso del Q6 ya era un dolor de cabeza incluso abrir Spotify para poner una canción, no se imaginarán lo que era tratar de jugar algo, aunque fuese simple.

A los pocos meses salió el iPhone 12, para ese entonces yo no sabía que los tipos sacaban uno por año, simplemente veía que salía uno nuevo, pero no prestaba atención a los tiempos entre lanzamientos, y quizá solo habían pasado 6 meses desde que había migrado a iOS, pero al ver el diseño me encantó y quedé un tanto atrapado en la necesidad de evolucionar, aunque fuese un poco rápido, a la siguiente gama. Sobre todo, la pantalla y aumentar en una las cámaras con las que podía jugar, hicieron que comprara la versión base en color azul. Fue todo más fácil, había más magia. Es cierto, aunque suene a fanboy.

Fue mi celular por años, nunca tuve un problema. Cada año vi llegar al 13, el 14, el 15, y cada uno de esos años sentía un cosquilleo, vamos: ciertas ganas de comprar el celular más nuevo, pero me mantuve firme observando que mi celular era muy competente y más que suficiente. Hoy en día lo sigo usando como teléfono secundario y no siento que le pida nada al último modelo.

Pero entonces llego el 16, más solido que el 15, visualmente más robusto y estructuralmente más pesado. En ese momento si vi una mejora sustancial contra mi dispositivo. Y esta vez no fui por el modelo base, esta vez no solo quería velocidad, fluidez y diseño, quise la cima tecnológica. La experiencia de compra fue muy emocionante, no solo por la idea de tener el último modelo en celulares, si no por todo lo que ha representado llegar hasta aquí, como un dispositivo relativamente pequeño se ha vuelto tan importante, ya no solo es tener un sistema operativo bien desarrollado sino una herramienta de trabajo real, con la que puedo ahorrar tiempo y optimizar mis procesos diarios.

Hoy, con el iPhone 16 Pro y iOS 26, siento que la experiencia ha alcanzado un nivel que antes parecía de ciencia ficción. No se trata solo de abrir una app más rápido o de que la cámara responda en milésimas; es la sensación de que todo está optimizado para no hacerme perder tiempo.

iOS 26 no llegó para reinventar la rueda, sino para pulir cada detalle. Desde las animaciones más fluidas, hasta esas pequeñas funciones que parecen invisibles pero que cambian la rutina: la manera en que gestiono notificaciones, cómo el sistema anticipa lo que necesito, o lo simple que se vuelve pasar de trabajar a entretenerme.

Y ahí está el punto: para mí, un buen dispositivo no es un lujo pasajero, sino una inversión. Inviertes en algo que te regresa tiempo, que mejora tu experiencia diaria y que, de paso, hace que disfrutes el presente con la misma emoción con la que aquel universitario disfrutaba su primer LG.

Desde que decidí cambiarme al mundo Apple no hago más que recomendar a mis allegados invertir en un buen dispositivo, sé que, en los últimos años, Samsung ha sacado teléfonos tan buenos como un iPhone, podemos hablar también de los Pixel de Google, entre otros, pero sin duda, y por experiencia propia no hay uno que se acerque al iPhone para cubrir mis necesidades. Por eso me atrevo a plantearte, a ti que ya debes estar terminando tu taza de café, que lo pienses por un momento y te digas a ti mismo si es que no quieres un buen celular que fluya contigo en vez de que te tengas que adaptar a él en todo (si es que no tienes ya uno así). Al final, lo importante es que la tecnología se sienta como una extensión natural de tu día a día, aunque signifique, ahorrar un poco más. Te aseguro que a la larga agradecerás tener un teléfono que dure años y años, seguro y actualizado.

Y bueno, hasta aquí este viaje entre recuerdos de pantallas táctiles, cambios de modelos y la emoción de descubrir iOS 26. Como siempre, gracias por acompañarme con tu taza de café en mano, que deseo ya este vacía. Ojalá esta entrada te haya hecho pensar un poco en tu propio camino con la tecnología, y en cómo, más allá de marcas o modas, lo importante es que esos pequeños dispositivos nos hagan la vida más ligera y disfrutable.

Nos leemos el próximo domingo, con más café, calma y más historias que compartir.

Que nunca tenga fin.

Isaías Ulloa.

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