Es domingo por la mañana. El sol apenas se asoma por la ventana y el mundo parece avanzar más lento de lo habitual. Es el momento perfecto para servirse una taza de café caliente, sentir el aroma que llena la casa y abrir un libro, o en este caso, una entrada de blog. Así que, si aún no lo has hecho, detente un segundo, prepara tu café como más te guste y acompáñame: hoy quiero hablar de una saga que todos criticaron, pero que, en secreto, todos leyeron.
Crepúsculo, para muchos una obra de arte, para otros no tanto. Yo soy de los primeros. Estaba en secundaria, cuando mi maestra de español, me hablo del libro (en realidad lo hizo a toda la clase), llevábamos meses leyendo libros de Carlos Cuauhtémoc, y según ella era tiempo de pasar a algo más adecuado para nosotros algo más juvenil y fresco. Ella estaba segura de que la historia nos iba a gustar a muchos… y así fue.
Desde que comencé la lectura me atrapó, debo ser honesto. Una historia de amor con un toque de misterio y esa magia que solo la ficción contiene. La manera en que la autora construye las atmosferas era completamente nueva para mí, y hoy en día no he encontrado una sátira que me atrape igual. Quizá porque la historia me llegó en el tiempo preciso. El caso es que con cada página que leía, quería saber que decía la siguiente.
Cuando Crepúsculo llegó a las librerías en 2005, pocos imaginaban que una historia de vampiros adolescentes en un pequeño pueblo lluvioso de Washington iba a desatar semejante fiebre mundial. Stephanie Meyer no solo vendió millones de ejemplares, también encendió una chispa que se expandió al cine, a las conversaciones de pasillo en la secundaria (sobre todo esto) y hasta a las camisetas que gritaban “Team Edward” o “Team Jacob”.
La saga se convirtió en uno de esos fenómenos que dividen aguas: había quienes la devoraban con entusiasmo, como yo… y quienes la miraban con escepticismo… aunque, curiosamente, hasta esos críticos sabían de qué iba la historia y aunque no quisieran admitirlo también les gustaba, solo que pienso que no tenían con quien compartir la emoción o se callaban la euforia por pena al famoso “qué dirán”. Era imposible escapar a su presencia: estaba en las estanterías de las librerías, en los posters de cine y, sobre todo, en las conversaciones cotidianas.
Lo interesante es que Crepúsculo no solo marcó una generación lectora; también abrió la puerta para que otras sagas juveniles de fantasía y romance encontraran su espacio en la cultura pop. Y aunque con el tiempo muchos se burlen de sus diálogos o de sus clichés, lo cierto es que en su momento todos estábamos hablando de lo mismo: de vampiros, amores imposibles y la eterna pregunta de a quién elegiría Bella, pero eso ya es pasarnos al segundo libro. Si nos enfocamos solo en el primero, la historia está bien dirigida, no hay lugar a dudas. Retomando lo de la burla a sus diálogos, es tal vez en su versión película, porque está bien ejecutado en modo lectura, compra el libro, léelo y verás.
Han pasado más años de los que puedo recordar con facilidad desde la primera vez que leí el libro y puedo admitir que sigue teniendo ese toque adictivo, la idea de ese mundo fantástico pero moderno, todas las posibilidades que te brida la historia si te dejas llevar. La idea de creaturas tan fascinantes como los humanos transformándose en lobos enormes o humanos con súper velocidad y fuerza, con una longevidad extraordinaria pudiendo pasar a través de las épocas, pasando desapercibidos. No me molestaría para nada si sale un libro más, con la continuación de la historia unos 100 años después. Sé que mucha gente imagina cosas, pero yo hablo de una continuación contundente y bien desarrollada. El punto es que por más que pasen los años, sigo pensando que es una gran historia de amor juvenil que te atrapa sin importar en que etapa lo revisites (o tal vez solo le pasé a los que lo leímos en secundaria).
Reconozco que puede parecer raro que un tipo que ha vivido por décadas y décadas trate de conquistar a una chica de prepa, y que no hay excusa que le esas décadas de experiencia sin haberlas vivido… pero es justo eso lo que lo hace una obra de ficción y creo que debemos saber diferenciar una situación ficticia y tomar las cosas con más ligereza.
No es un gran libro literalmente, pero tampoco pretende serlo; y ahí radica su encanto. Tiene palabras llamativas para los jóvenes, los ayuda a expandir su vocabulario, estimula la lectura, pero no pretende ganar ningún premio de la academia por su complejidad lingüística. Lo que pretendía, en su tiempo, lo logró, lo superó y puso la vara en lo alto.
Crepúsculo fue, sin duda, uno de los mejores libros que he leído. Su historia, basada en Romeo y Julieta (o al menos inspirada en ella) la hizo perfecta para mí en secundaria, hoy en día sigo recordado sus páginas con cariño, esa incorporación de trama vampírica me parece bien lograda (aunque sea muy criticada hasta hoy por muchos) hizo que la historia no solo fuera la de un romance más, y les dio a los personajes la excusa perfecta para ser los favoritos de muchos en aquella mítica generación.
Y bueno, entre nostalgia y crítica, Crepúsculo sigue ahí: en la memoria de quienes lo leímos, en los memes que aún circulan, y en ese rincón cultural donde guardamos las historias que nos marcaron, aunque no fueran perfectas.
Yo ya tengo mi café a medio terminar, así que es buen momento para cerrar este domingo de Escritura Infinita. Ahora te paso la palabra: ¿fuiste de los que lo amaron, lo odiaron… o de los que lo leyeron en secreto?
Nos vemos el próximo domingo, con otra taza lista.
Que nunca tenga fin.
Isaías Ulloa.


Deja un comentario