Hay días en que no escribir también es escribir. No comprar algo puede llévate a elegir mejor. No endeudarte es paz financiera. No comenzar un proyecto es, a veces, afinarlo hasta que realmente valga la pena. Pensar sin apuro es la forma más honesta de seguir siendo tú mismo. Dejar que la vida pase nos va dando experiencia, las buenas y malas decisiones nos van puliendo en un mundo de alto consumo para no dejarnos ir en un tobogán interminable de proyectos a medio empezar, videojuegos a medio jugar y productos a medio usar. En una cultura que premia la ejecución inmediata con likes y aplausos por adquirir, estrenar y mostrar, detenerse a pensar parece un lujo… pero puede ser lo que te salve.

Cada vez que abro YouTube y me topo con otro video sobre el “mejor gadget del año”, no puedo evitar preguntarme si estamos viendo reseñas o recibiendo instrucciones de compra disfrazadas de análisis. Entre celulares, grabadoras inteligentes, plumas estilográficas y libretas con papel japonés, la oferta es tan vasta como seductora. Y aunque es fascinante tener tantos puntos de vista antes de elegir, también es fácil perderse en esa avalancha de recomendaciones que, más que informar, a veces moldean deseos que no sabíamos que teníamos.

Creo que es crucial, saberse detener, y no comprar algo por haber visto un video bien hecho sobre el producto que llevas años deseando. El ejemplo perfecto en estos días podría ser el iPhone 17 y todas sus gamas junto a la Air (que no sorprendió a nadie por la gran cantidad de filtraciones durante el año). Y decir “años” deseando el producto es decir demasiado, aplicaría mejor decir -cada año-, hay que pensar bien qué compras son realmente una necesidad y cuales son solo un lujo.

Y no me mal entiendan, me encanta todo lo que tenga que ver con avances tecnológicos, lo que digo es que en ciertos extractos sociales hay una gran presión por tener siempre lo último en tecnología, cuando lo que salió el año pasado o hace dos o hace tres funciona perfectamente y hace prácticamente la misma función que el flamante último modelo.

Este escrito es más una nota reflexiva, que una queja a quien corresponda. Retomando lo de los videos, es fascinante poder ver muchos resúmenes y análisis sobre tu lista de deseos que quizá se quedará así, en un gran deseo o quizá no. Pero siento que hay una línea muy delgada entre una necesidad real y la creación de una necesidad dictada por el youtuber al que te encanta ver mientras desayunas.

Sabemos que muchas veces los productos probados en los videos son enviados al creador de contenido por las marcas para promocionarlos y eso es magnífico, el problema es que no a todos nos van a enviar esos productos, nosotros como espectadores de ese video somos clientes potenciales que desembolsaremos billetes por ellos (que obviamente es el objetivo) pero… ¿Cuántos productos realmente son necesarios y cuáles nos hacen creer que son necesarios? Y pum gastas, no inviertes, y descuidas lo que realmente hay que solventar: la vida.

Tomar decisiones con la cabeza fría no significa apagar el entusiasmo, sino darle espacio para que respire. En medio del ruido digital, donde cada novedad parece urgente y cada recomendación parece personalizada, detenerse a pensar es un acto de conciencia necesaria en el mundo actual. Elegir con calma, sin prisa ni presión, es elegir sabiamente. Porque cuando la emoción baja y lógica entra, descubrimos que no todo lo deseado es necesario, y no todo lo necesario se compra. A veces, lo mejor que podemos hacer es esperar, observar y decidir cuando el impulso se ha convertido en certeza.

Al final, no se trata de renunciar a lo que nos gusta, sino de aprender a elegir con intención. Porque en un mundo que nos empuja a comprar antes de pensar, detenerse no es malo, es un acto de cuidado propio. Y si algo vale la pena hoy, seguirá valiéndola mañana.

Mientras ese día llega podemos seguir disfrutando de los videos que nos inspiran, pero ahora con una mirada más crítica y un café en la mano.

Que nunca tenga fin.

Isaías Ulloa.

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