Hoy voy a escribir de sueños, de los afortunados que los cumplen y de los afortunados que no.

Desde que somos niños tenemos anhelos alojados en el corazón. Queremos ser pediatras, bomberos, maestros, futbolistas. Esa actividad que parece perfecta y que, en nuestra mente, fácilmente podríamos hacer gratis y todos los días de nuestra vida. Todo depende de lo que veamos y escuchemos a nuestro alrededor; vemos una película y queremos ser superhéroes; escuchamos una canción en el radio y queremos ser estrellas de rock. Y pueden volverse realidad.

He sido testigo. Son pocos casos. Pero una niña que quería ser maestra, al terminar la preparatoria, ingresó a la escuela normal, esa en la que se forman los profesores de todos los niveles educativos, y hoy enseña en un jardín de niños (en realidad son dos niñas, hoy señoritas). Otra niña quería estudiar medicina, tomar la presión, usar un estetoscopio y tener un consultorio que huela rico, hoy está en segundo o tercer semestre de medicina en alguna universidad del mundo, aprendiendo a suturar, a lidiar con la sangre y con los síntomas de los pacientes.

El hecho de que estén ahí no implica que haya sido fácil, todo lo contrario. Tuvieron que esforzarse, derramar lágrimas, cuestionarse si en realidad querían eso para sus vidas, dudar un par de veces más, cuestionarse otra vez, ahorrar dinero, gastarlo, dudar otra vez. En fin, llevar ese sueño a la realidad.

Nada es sencillo, no todo es para todos. Todo lo que vale la pena, causa pena, pero gratifica al alma. Al llegar al objetivo se experimenta una sensación muy bella y una gran calma, al saber que ha llegado el punto en el que todo ha dado fruto.

Sin embargo, aunque todos de niños tuvimos un sueño, un anhelo. Ya mayores no todos la tuvimos tan clara, o nos dimos cuenta de que no era tan factible ser estrellas de rock, y no está mal. Día a día tenemos la oportunidad de ir descubriendo nuestros gustos, cambiar los que ya no son tan interesantes, agregar nuevos, transformar otros, inventarnos un par, de vez en cuando llorar porque no hemos llegado a donde otros están; tal vez algunos de tus amigos ya tienen carro y tú aún no andas ni en bicicleta; otros quizá ya tienen casa y tú ni siquiera ajustas para rentar una; pero recuerda que no todas las plantas crecen al mismo tiempo ni en la misma estación del año. La clave está en no dejarlo de intentar, si caemos seguir levantándonos, siempre seguir adelante. Y en todo momento sentirnos orgullosos de nuestros pequeños logros.

Es afortunado tanto el que va logrando sus sueños como el que no los ha encontrado todavía.

Porque el que ya está encaminado tendrá la fortuna de enamorarse de su sueño hasta la médula, conociendo hasta su flanco más oscuro y complicado, y si aun así siguen juntos, sin duda habrá encontrado su propósito.

Y el que aún está en su búsqueda, también goza de dicha, porque día a día tiene la oportunidad de intentarlo una vez más, tratando con un sinfín de posibilidades, explorando el mundo en el proceso, y equivocándose innumerables ocasiones, con malos y buenos sabores de boca. Y cuando por fin se cruce en su vida e intercambien miradas, sabrá sin lugar a dudas que ha llegado al lugar que ha estado buscando desde que otros cuando deseaban ser bomberos, él no sabía ni si quiera si quería contestar esa pregunta.

Siempre habrá una razón para esforzarse, para levantase de la cama y dar lo mejor de nosotros, tanto si tu sueño llega a frustrarte un poco, como si te frustra no encontrarlo, siempre hay pequeños detalles que nos impulsan a intentarlo una vez más. Si te gusta escribir, cómprate una libreta. Si te gusta tomar fotos, cómprate una cámara. Si te gusta cantar, cómprate un micrófono. Si te gusta caminar, cómprate unos tenis. Y disfruta el proceso. Si no tienes dinero para ello, empieza por buscar una manera honrada de ganarlo para ahorrarlo (después de todo nada es gratis), y verás que será un gran incentivo y un buen primer paso contar con una herramienta que te permita hacer lo que te gusta. El segundo paso será mantener el paso. Mi amigo, ser constante y no rendirse a la primera de cambio.

Que no tenga fin.

Isaías Ulloa.

Avatar de Isaías Ulloa

Published by

Categories: ,

Deja un comentario